
En un país tan largo como Chile, familia y viajes en carretera parecen estar unidos de forma irremediable. Con el tiempo se abandona el hogar, pero los lazos, para bien o para mal, quedan. Fuera de campo es la historia de dos hermanos que deben emprender un viaje en auto de cientos de kilómetros para ver a su madre enferma, viaje en el que el pasado, los traumas y la falta de cariño afloran, en el mismo nivel que el amor, la resiliencia y las ansias de un futuro mejor. Catalina Contreras nos invita a revisar la historia de estos dos hermanos y repensar nuestras propias formas de relacionarnos con el otro y con uno mismo.
A través de un dibujo que no tiene nada que envidiarles a algunos de los mejores exponentes del cómic independiente norteamericano y un uso de luces y colores que captan a la perfección el tono de la obra y las emociones que se buscan evocar. Se juega constantemente con los silencios, que son rellenados por canciones que suenan en la radio del auto y que nos transportan a todos esos viajes que hicimos a lo largo de nuestra vida, congelando el tiempo y retrocediendo en nuestra historia.
Catalina Contreras (1993), también conocida como Cat Contreras, es dibujante de cómics, ilustradora y mediadora de lectura. Realiza clubes de lectura enfocada en narrativa LGBTIQ+, literatura japonesa y talleres de narrativa gráfica e ilustración. Tiene dos hermanas y tres gatos. “Fuera de campo” es su primer libro publicado.
– Cuéntanos un poco cómo empezaste a dibujar.
Desde que era niña siempre he dibujado, pero también desde muy chica que tengo historias dando vueltas en la cabeza. Cuando uno es niño inventa mucho, crea personajes, se cuenta cosas, pero creo que en mi caso son las ganas de seguir inventando historias lo que me ha mantenido dibujando. Si cuando muy niña inventaba historias sobre mis mascotas o las de mis abuelos, en los primeros años de la básica jugaba en los recreos a inventar personajes e imaginar sus historias. Con una amiga tomábamos todo eso y al volver a la sala siempre dibujábamos las cosas que estos personajes vivían. Así llevábamos registro de las historias que inventábamos, que se parecían mucho a las que veíamos en la tele, seguramente.
Hay gente que, cuando quiere narrar, lo hace a través de palabras. En mi caso he intentado narrar por escrito y no sé si será falta de práctica u otra cosa, pero no logro dar con eso que quiero contar o transmitir de la misma manera que con los dibujos. Es probable que también tenga relación con que siempre me ha gustado leer cómics y que, así como hay niños que se obsesionan con las novelas en cierto momento, yo me pegué con los mangas. Pensándolo ahora, puede que eso tenga que ver con que, cuando leo narrativa escrita, no puedo ver ni imaginar las escenas ni a los personajes en mi cabeza. Pero al leer un cómic, logro disfrutar de toda la experiencia y ver eso que quiere mostrar el autor o autora.
Creo que después de que vi un manga por primera vez, en una feria del libro, siempre quise que me regalaran mangas. Y lo siguiente fue querer hacer mis propias historias y personajes. Me regalaron libros de cómo dibujar manga y, aunque no me dejaban ver Dragon Ball, a cierta edad mi familia me empezó a acompañar en esa exploración. Mi mamá y mi papá, que poco o nada tenían que ver con el animé, me acompañaron a mis primeros a eventos o al Eurocentro y me llevaron a la casa CDs o DVDs con películas del estudio Ghibli. Creo que entonces se dieron cuenta de que en esas historias e imágenes había mucho más que la típica idea de personajes pegándose y me apoyaron para que siguiera aprendiendo a contar historias a través de los dibujos.
– ¿Cuál es la rutina de Catalina Contreras?, ¿qué peso tiene en ella el dibujo?
Desde hace un par de años que tengo una rutina muy poco definida: a veces me toca ir al lugar donde trabajo como librera, otras veces me toca ir a hacer actividades a lugares afuera u otras veces me quedo en la casa y trabajo en el computador. Por eso, a veces tengo momentos en que paso todo el día dibujando y otros en que no logro tomar un lápiz.
Diría que, desafortunadamente, estoy muy lejos de ser una persona que no puede vivir sin dibujar. Más bien es fácil olvidarse de dibujar cuando uno empieza a trabajar en otras cosas. A veces me pongo a hacer rayas en cualquier papel y pienso en lo bacán que debe ser poder sacar una libreta de la nada y ponerse a dibujar el mundo. Yo más bien tengo que sentarme y obligarme a dibujar, porque por muy importante que pueda ser para mí, no es algo que se me dé espontáneamente.
– ¿De dónde nace Fuera de campo? ¿Qué encontrará el lector/a en tu obra?
Fuera de campo nace con su protagonista, Javiera, que es el resultado de un personaje que en su origen no era un hombre ni una mujer, sino solo una persona atormentada que vive en el centro de la ciudad y que a su alrededor todo es muy azul. Luego, al explorar más la historia que quería contar, surge esta relación con Víctor, su hermano, que desde siempre ha sido un personaje opuesto a Javiera. Entonces mi idea era obligar a que dos personas que son muy cercanas, pero a la vez muy distintas, tengan que estar juntas por algún motivo. Pensando en cuáles son las situaciones en que uno tiene que lidiar con cosas así, surge primero la idea de una emergencia de salud al interior de la familia, y, luego, la idea de un viaje largo.
En esta obra los lectores/as encontrarán una historia sobre relaciones humanas: sobre hermanos, sobre parejas, sobre madres e hijos/as. Gran parte de ellas son relaciones complicadas, en especial la de Javi y Víctor, pero lo importante es cómo entre ellos aún existe ese cariño por debajo de todo, esos recuerdos comunes y esas ganas de hacerse bromas y reírse juntos.
Por otro lado, se trata de una historia con personajes LGBTQ que, a pesar de pertenecer a una misma “comunidad” (o categoría, simplemente), son muy diferentes. Es lo mismo que pasa con el hecho de ser dos personas de la misma familia. Entonces aquí a mí me interesaba explorar cómo teniendo tantas cosas en común, dos personas podían tener dos trayectorias de vida y formas de enfrentar el mundo tan diferentes.
– ¿Cuáles fueron tus principales influencias en el proceso de creación de Fuera de campo?
Este libro en general está muy influenciado por el manga y cierto tipo de películas.
En cuanto al manga, creo que hay autoras y autores que han sido muy importantes para llegar a crear esta obra, un poco inconscientemente. En este momento pienso principalmente en Chica Umino, Tomoko Yamashita y Keigo Shinzo, que han creado obras hermosas donde abordan relaciones muy complejas entre grupos de amigos, familias biológicas y otras familias menos convencionales. Además, me interesa mucho la forma en que desarrollan estas historias, miran los detalles y construyen personajes muy realistas, con muchos matices, que habitan una cotidianeidad con la que es fácil identificarse.
Por otro lado, creo que el imaginario visual que aparece en Fuera de campo está muy ligado a las películas chilenas, pensando en los paisajes, los caminos o lo que hacen los personajes. Siempre se dice que el cine chileno está lleno de películas sobre la dictadura, pero la mayoría de ellas se tratan de historias sobre cosas muy pequeñas, relatos del día a día y problemáticas muy concretas que enfrentan sus protagonistas. En general el cine chileno posterior al año 2000 tiene muchas historias así, donde se logra hablar de problemáticas sociales más grandes a partir de búsquedas más personales. En esta línea, si pienso en viajes, me voy a la película De jueves a domingo y si pienso en relaciones de hermanos/as, pienso en Historia y Geografía, por nombrar algunas que me han gustado.
Por último, creo que en este cómic también hay muchas reflexiones que vienen de la lectura de diferentes novelas, cuentos y memorias con protagonistas LGBTQ. Estos libros acompañaron todo el proceso de creación del cómic, pero diría que es una influencia más indirecta relacionada con la exploración de algunas temáticas y las maneras diversas en que podemos representar a las personas LGBTQ en la ficción.
